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Zeus llevó a su hijo mortal Hércules al lado de su esposa Hera mientras dormía pues quería que su hijo tuviera poderes divinos al beber leche de la diosa ya que el niño era de otra mujer. Hera al despertarse lanzó a Hércules lejos de ella. Su leche salió volando por el universo y creó la Vía Láctea, y unas cuantas gotas cayeron a la Tierra, haciendo brotar hermosas calas blancas. En la mitología romana, Venus, la diosa del amor y la lujuria, vio tanta belleza en estas flores que en un ataque de celos hizo crecer un pistilo grande en el centro.

El nacimiento de la Vía Láctea

Las calas datan de la época griega y romana, en las que se asociaban con las fiestas y el disfrute, por la semejanza de su forma con una copa para beber. Crecen en forma de tulipán acampanado, en su interior destaca una espiga de color amarillo y sus hojas de color verde intenso simulan el cuero. Estas flores son de origen muy humilde y antiguamente se consideraban como maleza pero poco a poco, su elegancia y porte majestuoso las llevaron a ser protagonistas de grandes escenarios como los famosos murales del pintor mexicano Diego Rivera.

El lirio de agua es la única flor que florece y fructifica al mismo tiempo. En las culturas orientales, esta característica única simboliza la universalidad. Esta elegante planta en forma de embudo presenta flores masculinas y femeninas dispuestas a lo largo de sus cuerpos, facilitando la fecundación a través del viento, que en el País Vasco sopla en abundancia. Asimismo las calas prefieren la sombra o la semisombra de terrenos húmedos y fértiles como los que rodean los caseríos vascos.

Llamadas también lirios de agua y flor de pato son también símbolo de nobleza y finura (En inglés reciben el nombre de trumpet lily por su forma similar a una trompeta). A pesar de su origen sudafricano se han extendido por todos los continentes y vegetan a expensas de su tallo subterráneo que rebrota cada año.  Su aspecto es delicado pero son fuertes. Las calas son unas de las flores favoritas de minimil, y pueden verse habitualmente en sus tiendas.

Lo que hace que su flor sean tan especial es un pétalo que emerge serenamente desde el tallo y que envuelve el órgano de la flor en forma de espiral. Aunque las que más nos gustan son las blancas, existen muchas más variedades en colores como el rojo, amarillo, rosa, morado, naranja, verde, negro o incluso bicolor.
Para gustos, las flores.

 

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El verde es el manto de Euskadi.
El verde son los frontones, la pelota vasca.
El verde son las lechugas, los puerros, #piparrak.
El verde es el Ezkurra y el Urumea que riegan la tierra.
El verde es ideología, pensamiento y acción sostenible.
El verde es la justicia natural.
El verde es el pacto entre un azul que huye de la muerte,
y un amarillo que se envenena, una pizca lo cambia todo.
El verde es la vida, el cambio.
El verde es la sidra y el txacolí.
El verde son las pashminas, los jerseys de punto, los cuerpos de seda.
El verde es el insecto camuflado.
El verde es la esperanza paciente que persiste.
El verde es natural, su opuesto es artificial.
El verde combinado con marrón es amargo, con amarillo es agrio y con azul fresco.
El verde es dinero y también papel mojado.
El verde son 100 verdes distintos.
El verde es el paisaje, el hogar, el caserío vasco.
El verde es también minimil.

 

 

 

 

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“Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia,
como si ésta fuera ya ceniza en la memoria. ”
Jorge Luis Borges. 

En nariz intensos aromas a cítricos, hierbas y flores; en boca fresco, ligeramente ácido y fácil de beber. Tiene que servirse fresco… Sí, txacoli.

Proviene de los caseríos vascos del siglo XVI. Brillante y cristalino suele sorprender con tonos que van del amarillo pálido al amarillo pajizo, y a veces con interesantes tonalidades verdosas. Antes se escanciaba como la sidra porque no se filtraba pero ha pasado de ser un vino básico a ser muy refinado. El joven txacoli marida a la perfección tanto con mariscos, pescados y quesos de oveja latxa Idiazabal como con miel, pan casero, chorizo y morcilla, todos artesanales y con denominación de origen de la tierra que les da el clima adecuado.

Según un anécdota etimológica de un viejo txakolinero, cuando al vinicultor le preguntaban “¿Cuánta cantidad de vino habéis hecho?”, solía ser costumbre responder: “Etxeko ain”, es decir lo justo para casa. De “etxeko ain” se pasó a “etxekolain” y acabó llamándose “txakolin”. (Se non è vero, è ben trovato)

 

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¿Por qué sucumbir a la tiranía del bolso? A menudo dejamos de lado el resto del look y otorgamos toda la importancia a un bolso de marca. Y no es que tener un bolso bueno no esté bien: piel noble, buen diseño, confortable…. Pero no todo es el bolso, al menos no lo suficiente. Incluso desprendernos puede sumar personalidad al conjunto y no restar, al contrario de lo que opinan muchas mujeres.


Un buen número de marcas, entre ellas minimil, apuestan por incorporar y darle su categoría a la bolsa básica. Los tejidos van desde el algodón, lino, seda, piel e impermeable.
En los años 70 y 80 las bolsas de tela estaban de moda y hoy continúan porque es una prolongación de una forma de vestir natural y liviana, ausente de estereotipos femeninos marcados por la tiranía de la moda en la mujer.

minimil escoge los tonos terrosos, el azul marino y también el negro fieles a su marca, con tejidos básicos utilizados en sus colecciones, y con un diseño minimalista muy acorde con su personalidad: puntos, líneas y formas gráficas que sugieren sin marcar con rotundidad, pues se trata de un accesorio que debe acompañar y poner en valor una estética femenina libre.


Bolsas que no pesen, que fluyan y que dibujen siluetas allá donde vayan. Se trata de la proporción, la forma, la línea, el material, el equilibrio, todo ello las hace agradables y a nosotras nos hacen sentir bien.

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En las fiestas vascas de hace cien años, la vestimenta, al igual que otras manifestaciones culturales, ocupaba un lugar destacado. La indumentaria campesina de baserritarra (las distintas caseras vascas: artzai andre, amona o neska) se convirtió en modelo de vestuario tradicional, simbolizando otros muchos valores que estaban a punto de perderse. Entre las características generales de este traje están las enaguas y falda roja por debajo y una falda de tela encima negra o azul marina de algodón de topos blancos.

Estas motas tan emblemáticos son una constante inspiración en minimil para reversionar cada temporada alguna prenda de la colección con la nostalgia histórica y la elegante feminidad que este patrón confiere.


Las motas o topos (Polka dot en inglés) son círculos repetidos de tamaños y colores distintos, pintados, tejidos o bordados sobre una tela que forman un patrón. Motas grandes o pequeñas, blancas sobre negro o azul marinas sobre blanco. Las posibilidades son infinitas y el resultado es un must de la marca, como las rayas o el color negro.

Basándose en este motivo y confiriéndole el valor simbólico de la cultura vasca, minimil también ha diseñado una serie de productos para el Guggenheim de Bilbao.

Los topos no son propiedad única del País Vasco pues el mundo entero se enamoró de ellos cuando Miss América apareció fotografiada en 1926 con un bikini lleno de motas y un año antes, Disney presentó a la célebre Minnie Mouse vistiendo un traje de topos rojo y blanco con un lazo a juego. Durante los años 30 los tejidos a topos se fabricaron para todos sus usos y en 1940 Frank Sinatra introdujo la “polka dot manía” cantando su balada: “Polka Dots and Moonbeams”.

A finales de esa década, Christian Dior lanzaba su colección “New Look” con vestidos de motas y el famoso modisto comentó a Vogue que su colección “pretendía hacer a las mujeres parpadear extravagantes y románticas con ellos”. Recientemente los topos se han vuelto tendencia también para el género masculino y celebridades como Joseph Gordon-Levitt y Mickey Avalon son asiduos. Rei Kawakuo también utiliza los topos para su colección de Comme des Garçons en todas sus prendas y complementos; Marc Jacobs tiene incluso una colección “Dotty” y un Dot perfume.
La artista Yayoi Kusama los llevó a sus obras de arte y Damien Hirst es famoso por sus pinturas de topos vertiginosos, aunque los puntillistas como Seurat y Signac fueron pioneros de los puntos en las pinturas.En 1962 Marvel Comics incluso creó a su héroe Polka-Dot Man que combatía a los villanos con topos y Bob Dylan apareció un año más tarde en la portada de su disco vistiendo una camisa de topos.

Actrices como Elizabeth Taylor, Lucille Ball y Marilyn Monroe los vistieron con todo el glamour. Meg Ryan vestía de topos en la película “Cuando Harry encontró a Sally” y las cantantes Amy Winheouse y Gwen Stefanie cantaban enfundadas de topos.

Hay una corte de “polka dot lovers “en todo el mundo, orgullosos de ello y en el caso de minimil el orgullo es doble pues forma parte de la tradición histórica del vestuario típico vasco.

¿Quién no tiene en su armario algo con motas?”

 

 

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El mes de julio (y agosto para los que se atreven con la ruleta rusa) tiene sabor a guindilla vasca o piparra. Es un sabor genuino, muy del norte, parecido al pimiento verde o pimientos del padrón con un suave toque picante de huerta.

Se recolecta durante los meses de julio a octubre en el País Vasco, por la calidad de su tierra fértil unida a un microclima lluvioso de la zona, que la hace tan tierna y suavemente picante. Tienen gran fama las de Ibarra, también conocidas popularmente como “langostinos de Ibarra”.

¿Quién no las conoce en su versión “gilda”, nacida en el bar Casa Vallés de San Sebastián en honor al personaje de ‘Gilda’ interpretado por Rita Hayworth en la película de 1946? Es la tapa por excelencia, las piparras encurtidas en vinagre ensartadas en banderillas o pintxos y acompañadas tan ricamente por trocitos de anchoas y una aceituna como punto final.
Aunque las encurtidas son fantásticas, las frescas, que se toman simplemente fritas y salpicadas de sal, son un delicado manjar para tomar solas, a modo de aperitivo o acompañando mmmm… una ventresca de bonito a la plancha o unos buenos huevos fritos.

Son elegantemente alargadas y su color verde amarillento es inconfundible. Las mejores guindillas miden 8 centímetros, ni muy largas ni muy cortas, para que no piquen. Además, ayudan a combatir el colesterol, la acidez y a abrir el apetito. Este artículo es precisamente para esto, para ir haciendo boca… porque el verano se acerca.

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El negro es la ausencia de todos los colores, la máxima oscuridad.
El negro es fuerte, es el misterio, la elegancia y, hasta cierto punto, la sensualidad.
El  negro es el silencio, el invierno, la profundidad, la negación, el infinito.
El negro es consistente, rotundo.
El negro es alegría y dolor.
El negro es mando, el resto es obediencia.
El negro es pasado, presente y futuro. Es atemporal. Es real.
El negro es Thomas Bernhard, Malévich, Kurosawa, Chopin, Yohi Yamamoto.
El negro es el norte, menos luz.
El negro es clásico, moderno y rebelde.
El negro es intelectual, humilde.
El negro es una declaración de principios, no es ambiguo.
El negro es un abrigo, unos guantes, una txapela, unas alpargatas.
El negro es valiente, no juega: resiste.
El negro es belleza para el que conoce lo que el negro significa.
El negro también es minimil.

 

 

 

 

 

 

 

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El cielo vasco está lleno de hodeiak (nubes) que dibujan sombras en los pastos verdes, se funden en el mar encabritado y visitan las ciudades. Tanto si se abren y dejan paso al sol como si descargan su xirimiri, las hodeiak son parte importante del paisaje diario.

Hodei también es el nombre del Dios de las tormentas, creador de relámpagos y truenos que antiguamente echaba a perder las cosechas y atemorizaba a los paisanos.

 Donostia es uno de los mejores escenarios para poder contemplar todo tipo de nubes altas, medias, estratos y cumulonimbos. La insistente presencia de todas ellas, su variedad y la belleza del paisaje con el que se fusionan, lo hace posible.

Muy malvado no será el Dios Hodei si nos regala imágenes como la hodei gorri (nube roja) iluminada por el sol, que tenemos hoy sobre nuestras cabezas.

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Así como un libro se juzga por la portada, nuestros escaparates atrapan por su puesta en escena, sus figuras, sus colores y sus pistas. Los maniquíes se van humanizando poco a poco para dotarlos de más movimiento, expresión y libertad. ¡Que se muevan, se sienten y nos sirvan de espejo!

El arte, el juego, la sorpresa y los animales… nunca sabes. Cada temporada mudan los escaparates como las estaciones para sorprender al transeúnte que tiene 3 segundos y un 90% de posibilidades de pararse a contemplarlos. Está comprobado que muchos paran, otros cuantos miran y solo algunos fabulan buscando mundos de conexión paralelos. Si ves nubes de alambre en forma de tocado sobre las cabezas de las maniquíes, elefantes indios de cartón con sus plumas y joyas, pingüinos entre cajas y confeti, sapos y princesas, caseras vascas, una corte de minifieras doradas que juegan con las letras de madera minimil o tres figuras de negro que ocultan con el velo unas orejas redondeadas que evocan al Mickey Mouse, probablemente estés delante de un escaparate minimil que te está contando una historia.

Un error sería trasladar la colección tal cual, sin regalar un mínimo espacio para la imaginación. Porque la moda empieza en el pensamiento. Otra cosa es que tengamos todos la puertas abiertas para ello.

 

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La cultura popular vasca tiene una gran fuerza y vitalidad en campos tan diversos como la literatura, la poesía, la música, la danza y la escultura entre otros, pero también en los deportes rurales que son una de sus máximas atracciones ya que el pueblo vasco ha logrado convertir el trabajo en un deporte popular o Herri Kirolak.

Su origen se encuentra en la mayoría de los casos en los trabajos desarrollados en el medio rural, siendo quizá los más conocidos los aizkolaris o cortadores de troncos, los harrijosatzailes o levantadores de piedras, las idi-probak o arrastre de piedras por bueyes, la siega en el campo o sega jokoa de los segalariak o segadores. De hecho de las faenas de la pesca en el mar, surgieron las traineras, de las minas, los barrenadores o harri zulaketa, de las canteras de los herreros, el levantamiento de yunque o ingude altxatzea, de los carreteros el levantamiento de carro o orga joko y, como si fuera poco, se instituyó como deporte rey la pelota vasca o Jai Alai (fiesta alegre).




Existen otros más extendidos a nivel internacional, como la soka tira, que consiste en tirar de la cuerda por equipos enfrentados, deporte que cuenta incluso con federación internacional y que participó en la primera olimpiada moderna.

Todos se caracterizan por la fuerza, destreza y habilidad. Y es que convertir el trabajo rural en una forma de deporte no solo es muestra del carácter trabajador y laborioso de los vascos, sino de su espíritu tenaz y práctico.

Listado
1.   Aizkora proba o corta troncos  
2.  Idi-proba o arrastre de piedra por bueyes  

3.  Harrijasotzea o levantamiento de piedra  
4.  Sega jokoa o siega 
5.  Harri zulatzaileak o barrenadores
6.  Ingude altxatzea o alzamiento de yunque
 

7.  Orga joko o levantamiento de carro
8.  Soka-tira o tirar de la cuerda
9.  Jai Alai o pelota vasca
10. Traineras

 

 

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