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Aracne de Paolo Veronesse, El Veronés.

De la antigua Grecia proviene el mito de Aracne, una tejedora espectacular. De su habilidad con los telares, alcanzó una extensa fama, que finalmente, llegó a los oídos de la diosa de la sabiduría y la artesanía Atenea. Entraron en competición para ver quién tejía mejor y Atenea, ofendida por la provocación de Aracne, la convirtió en araña haciendo que tanto ella, como toda su descendencia, fueran las mejores tejedoras del universo.

La araña es un símbolo de ilusión, de orden y sensibilidad. Es también la voluntad de ser inteligente sobre la vida que tejemos día a día, un tótem de sabiduría profunda. Invita a ver la vida desde una perspectiva elevada y ver los ciclos que hemos pasado en ella con análisis positivo. La araña representa la astucia, la progresión cíclica, el renacimiento y la muerte, la protección y el poder sobre el destino.

Las arañas tejen redes. Las telarañas son totalmente funcionales, prácticas y de ingenioso diseño. Sirven como viviendas, depósitos de alimentos o incubadoras de huevos, su funcionalidad es ilimitada. En muchas tribus americanas la araña (personificada como la abuela) es el maestro y protector de la sabiduría.

Louise Bourgeois (apodada “Mujer Araña)” es una de las artistas más importantes del arte contemporáneo. Es la creadora de Mamá, la escultura del Museo Guggenheim de Bilbao, de casi 9 metros de altura. Pertenece a una serie inspirada en la araña que Bourgeois presenta como un homenaje a su madre, que era tejedora. En ella se pone de manifiesto la duplicidad de la naturaleza de la maternidad: la madre es protectora y depredadora al mismo tiempo. La araña utiliza la seda tanto para fabricar el capullo como para cazar a su presa, así que la maternidad encarna fortaleza y fragilidad. Estas ambigüedades se ven intensamente reflejadas en esta Mamá gigantesca que provoca pavor por su gran altura, sorprendentemente equilibrada sobre unas ligeras patas, y transmite también una vulnerabilidad casi conmovedora.


minimil recupera y versiona cíclicamente en sus colecciones y diseños la figura de la araña. Ya sea gráficamente en camisetas y bandejas para el Museo Guggenheim de Bilbao como en escaparates, y actualmente las podéis encontrar brillando entre en su colección de broches joya.

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Un día de diciembre de 2017, amanece en San Sebastián a las 8:32 h y se pone el sol a las 17:33 h. La primera pleamar es a las 0:56 h y la siguiente pleamar a las 13:18 h. La primera bajamar es a las 6:51 h y la siguiente bajamar a las 19:24 h.

Son cuatro las mareas que se dan a diario en la costa vasca siendo más altas o más bajas en función de las fases lunares.

Los Donostiarras en particular, ven como cada día, su paisaje, la Bahía de la Concha cambia 4 veces. La isla de Santa Clara se aleja y se acerca.

Las mareas en realidad son oscilaciones del nivel del mar provocadas por la atracción del Sol y de la Luna sobre los océanos. Los efectos de los dos astros se superponen y su fuerza genera las mareas, sobre todo la acción de la luna y su relación con las fases lunares. Otros fenómenos atmosféricos como la presión atmosférica, el viento y la lluvia también contribuyen en menor medida.

Dependiendo de la altura, la marea puede ser alta o pleamar: cuando el agua del mar alcanza su altura más alta dentro del ciclo de las mareas; y la marea baja o bajamar: cuando el agua del mar alcanza su altura más baja dentro del ciclo de las mareas. Normalmente se producen dos pleamares y dos bajamares por día lunar.

Según la fase de la luna existen dos tipos de marea: las mareas vivas y las mareas muertas. Las primeras se dan durante las fases de luna llena y luna nueva, con un comprobado aumento en la actividad de los peces, son días más propicios para la pesca. Las mareas muertas aparecen durante las fases de cuarto creciente y cuarto menguante, donde los efectos se restan y el movimiento en los fondos marinos suele ser menor, con lo que los pescadores ya saben que no volverán a casa con un gran botín.

En San Sebastián, el fenómeno de las mareas afecta directamente en la práctica del surf, determinando el mejor momento para la práctica de este deporte, cada vez más extendido en Euskadi.

Itsasgora

Marea Alta. Santa Clara, #Donostia.#Itsasgora

Publié par Minimil sur lundi 23 octobre 2017

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” La Alubia de Tolosa tiene dos inmensas virtudes: ser la que mejor caldo hace de cuantas se producen en España y distinguirse por su singularidad y sabrosura “

Es uno de los alimentos más antiguos conocido del hombre y ha formado parte importante de la dieta humana desde tiempos remotos. Desde luego los vascos comen alubias desde hace montones de años. ¿Cómo sino serían capaces de levantar piedras? En ellas está La Fuerza que ayuda a sobrevivir al invierno.

La gran tradición del cultivo y la elaboración de las alubias en el País Vasco, hace que puedas encontrar una gran lista de recetas tradicionales para elaborarlas. Las alubias negras se caracterizan por contar con una apariencia ovalada y un característico color negro brillante. Estas legumbres aportan importantes beneficios y propiedades nutricionales: son especialmente ricas en fibra, ideales para prevenir el estreñimiento y ayudar a rebajar los niveles de colesterol alto y son ricas también en unos compuestos antioxidantes capaces de prevenir coágulos y el cáncer.

Digamos que con ½ Kg de alubias (babarrunak), 1 diente de ajo, aceite de oliva y 1 pimiento choricero tenemos un plato exquisito para combatir las bajas temperaturas. No olvidar lavarlas en agua fría y dejarlas en remojo el día antes.

Este plato se suele acompañar de “los sacramentos” que consiste en algún embutido cocinado; morcilla de cebolla y chorizo cocido. También suelen acompañar unas guindillas vascas (guindillas de Ibarra) y alguna verdura como berza cocida.

La alubia de Tolosa o Tolosako Babarruna es sin duda un manjar incomparable.

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El rojo es la ópera y el terciopelo
El rojo es lo prohibido que tienta
El rojo son los labios impertérritos de Olatz
El rojo es la fuerza que con blanco se suaviza en rosa
El rojo es un cuadro de Zuloaga
El rojo es la mantelería y la vajilla del norte
El rojo son los pimientos de espelette
El rojo es el barco que sale a pescar
El rojo son todos los que se atreven
El rojo es la falda de la poxpoliña
El rojo es la manzana brillante
El rojo es la literatura de Azorín y la de Baroja
El rojo es el aquí estoy yo
El rojo es el pañuelo en el cuello y el deseo en el pecho
El rojo es la Fundación Oteiza desde dentro
El rojo es también minimil.

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El burro es un animal que simboliza la esencia y las raíces del campo sin artificios.
Auténtico y genuino.


En euskera “asto”, el asno es un ente sagrado. Se cree que este animal es un ser bendito porque su espalda es en figura de cruz y porque fue portador de Jesús y de la Virgen. En el País Vasco el asno de las Encartaciones es una raza autóctona en peligro de extinción que se corresponde con la comarca más occidental de donde recibe su nombre, Encartaciones, de la provincia de Vizcaya.
Se sabe que a principios de 2005 sólo quedaban unos 100 ejemplares y que es la raza española de menor tamaño, pues no supera los 120 cm. Son proporcionados y su capa es de color castaño y negro con orejas menudas y cascos pequeños.

Para la colección otoño/invierno 20017 minimil ha querido rendirle un pequeño homenaje como imagen de campaña ya que forma parte de la autenticidad del paisaje y la historia vasca, de su esencia.

Hasta hace pocos lustros era habitual su uso como ayuda en las labores agrícolas en los caseríos de la cornisa cantábrica. La total mecanización de la mayoría de estas tareas ha abocado a su práctica extinción. Hoy se destinan para ayudar en pequeñas funciones agrícolas como transportar hierba y leña a los caseríos. Han tenido un papel fundamental en el pastoreo vasco y en las transterminancias de los cambios de rebaños de los pastos de verano a invierno y viceversa. Los asnos servían de “vehículo” al zagal del pastor para bajar la leche de las ovejas Latxas ordeñadas en los pastos de verano del Amboto hasta los caseríos junto con los perros de la raza Euskal Artzain.

 

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Podría ser “El caminante sobre el mar de nubes” (Der Wanderer über dem Nebelmeer) de Caspar David Friedrich. Una figura contemplativa que reflexiona sobre la fuerza de la naturaleza y la inmensidad. Nieblas matinales y picos se asoman en un paisaje misterioso propio del romanticismo y que bien podría ser el de la Sierra de Aitzgorri.

Una respuesta emocional, casi metafísica, al mundo natural que lo envuelve y lo hace sentir pequeño. El negro de su levita es el negro de la elegancia, de la individualidad y de la existencia. Los colores más claros del fondo ayudan a comprender la perspectiva tanto visual como de pensamiento.

Un cuadro del 1817-1818 que podría haberse pintado hoy, la sensación que produce sigue inalterable en el tiempo: la soledad y el silencio te atrapan.

 

 

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(La txapela, una prenda redonda)
Cuando los labradores del siglo XV decidieron emplear la gorra de lana de una sola pieza, sin visera pero redonda que les permitía cubrirse del sol echada hacia delante, o de costado o hacia atrás para la lluvia, poco se podían imaginar que estarían marcando tendencia hasta día de hoy, como unos de los componentes de la vestimenta tradicional vasca, tan distinta a la de los gondoleros venecianos y los marselleses o parisinos, y que causaría furor internacionalmente.

Para minimil es una prenda icónica de la marca que utiliza a lo largo de toda su trayectoria como elemento indispensable de su adn, el New Basque Style. La txapela ha sido reversionada por la marca no solo en todas sus colecciones sino también para ocasiones especiales como algunos desfiles en los que se le ha añadido tul. No es casualidad que la txapela, gráficamente simbolizada como una gran mota negra, la utilice minimil para muchos de sus diseños e ilustraciones.


Pocas veces una vestimenta tan sencilla ha marcado tanto la fisonomía de un pueblo y ha condicionado comportamientos sociales y mediáticos. Unamuno la definía como una prenda “niveladora” puesto que al ser más cómoda y barata que otros tocados llegó a provocar que los demás se relegaran al olvido

Antiguamente se hacían de lana, a mano y de una sola pieza como las medias, después se fabricaron con telares circulares para género de punto y más tarde mecánicamente, con telares rectilíneos pero en varias piezas que con máquinas especiales se cosen formando una única. La txapela siempre ha tenido en su centro un rabito o txertena y una de las mayores ofensas que podía hacerse a un vasco era cortarla de su boina y dejarla “capona”, llegó incluso a ser motivo de duelo a muerte.

En las últimas décadas se ha instituido como trofeo a los campeones (Txapeldunes) de cualquier competición del País Vasco. Es también un símbolo de bienvenida para los visitantes ilustres y asociaciones de amigos y peñas que las utilizan bordadas como elemento de identidad de grupo. Hubo pelotaris que jugaban con la txapela puesta como Mariano Juristi (Atano III) y hoy el frontón más conocido de San Sebastián lleva su nombre.

Toda moda precisa ciertas habilidades y según la maña del usuario se puede inclinar la txapela hacia atrás, hacia delante, izquierda, derecha o más calada. Dicen que los más resueltos se la colocan con una mano de un golpe. Esta temporada Minimil ha lanzado un modelo único y exclusivo que lleva su nombre, y con la particularidad de que es más pequeña y con el vuelo más corto. Se coloca más calada en la cabeza (no ladeada y sin vuelo).

Hoy, muchos fashionistas han recuperado la moda de la boina para conseguir un look afrancesado, elegante y chic. Por algo quedó asociada a lo largo del siglo xx a la bohemia artística parisina y más tarde a la estética existencialista. También fue protagonista en la iconografía del  Ché Guevara, como “icono de la postmodernidad”. Ha tenido relevancia en la literatura de la mano de poetas como Gabriel Celaya o escritores como Pío Baroja que son reconocidos en sus fotos por sus inseparables txapelas. Y también en uno de los grandes artistas vascos, Jorge Oteiza.

“Así la estampa del vasco, con la cabeza cubierta por una txapela, usándola desde la niñez hasta el ocaso, le escoltará sujeta respetuosamente entre los dedos de la mano, erigiéndose en fiel y exclusiva compañera, únicamente abandonada en la cabecera de la cama…” (*)

(*) La boina de los vascos: “Txapela buruan eta ibili munduan”, Historias de los vascos (blogs.deia.com)

 

 

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Zeus llevó a su hijo mortal Hércules al lado de su esposa Hera mientras dormía pues quería que su hijo tuviera poderes divinos al beber leche de la diosa ya que el niño era de otra mujer. Hera al despertarse lanzó a Hércules lejos de ella. Su leche salió volando por el universo y creó la Vía Láctea, y unas cuantas gotas cayeron a la Tierra, haciendo brotar hermosas calas blancas. En la mitología romana, Venus, la diosa del amor y la lujuria, vio tanta belleza en estas flores que en un ataque de celos hizo crecer un pistilo grande en el centro.

El nacimiento de la Vía Láctea

Las calas datan de la época griega y romana, en las que se asociaban con las fiestas y el disfrute, por la semejanza de su forma con una copa para beber. Crecen en forma de tulipán acampanado, en su interior destaca una espiga de color amarillo y sus hojas de color verde intenso simulan el cuero. Estas flores son de origen muy humilde y antiguamente se consideraban como maleza pero poco a poco, su elegancia y porte majestuoso las llevaron a ser protagonistas de grandes escenarios como los famosos murales del pintor mexicano Diego Rivera.

El lirio de agua es la única flor que florece y fructifica al mismo tiempo. En las culturas orientales, esta característica única simboliza la universalidad. Esta elegante planta en forma de embudo presenta flores masculinas y femeninas dispuestas a lo largo de sus cuerpos, facilitando la fecundación a través del viento, que en el País Vasco sopla en abundancia. Asimismo las calas prefieren la sombra o la semisombra de terrenos húmedos y fértiles como los que rodean los caseríos vascos.

Llamadas también lirios de agua y flor de pato son también símbolo de nobleza y finura (En inglés reciben el nombre de trumpet lily por su forma similar a una trompeta). A pesar de su origen sudafricano se han extendido por todos los continentes y vegetan a expensas de su tallo subterráneo que rebrota cada año.  Su aspecto es delicado pero son fuertes. Las calas son unas de las flores favoritas de minimil, y pueden verse habitualmente en sus tiendas.

Lo que hace que su flor sean tan especial es un pétalo que emerge serenamente desde el tallo y que envuelve el órgano de la flor en forma de espiral. Aunque las que más nos gustan son las blancas, existen muchas más variedades en colores como el rojo, amarillo, rosa, morado, naranja, verde, negro o incluso bicolor.
Para gustos, las flores.

 

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El verde es el manto de Euskadi.
El verde son los frontones, la pelota vasca.
El verde son las lechugas, los puerros, #piparrak.
El verde es el Ezkurra y el Urumea que riegan la tierra.
El verde es ideología, pensamiento y acción sostenible.
El verde es la justicia natural.
El verde es el pacto entre un azul que huye de la muerte,
y un amarillo que se envenena, una pizca lo cambia todo.
El verde es la vida, el cambio.
El verde es la sidra y el txacolí.
El verde son las pashminas, los jerseys de punto, los cuerpos de seda.
El verde es el insecto camuflado.
El verde es la esperanza paciente que persiste.
El verde es natural, su opuesto es artificial.
El verde combinado con marrón es amargo, con amarillo es agrio y con azul fresco.
El verde es dinero y también papel mojado.
El verde son 100 verdes distintos.
El verde es el paisaje, el hogar, el caserío vasco.
El verde es también minimil.

 

 

 

 

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“Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia,
como si ésta fuera ya ceniza en la memoria. ”
Jorge Luis Borges. 

En nariz intensos aromas a cítricos, hierbas y flores; en boca fresco, ligeramente ácido y fácil de beber. Tiene que servirse fresco… Sí, txacoli.

Proviene de los caseríos vascos del siglo XVI. Brillante y cristalino suele sorprender con tonos que van del amarillo pálido al amarillo pajizo, y a veces con interesantes tonalidades verdosas. Antes se escanciaba como la sidra porque no se filtraba pero ha pasado de ser un vino básico a ser muy refinado. El joven txacoli marida a la perfección tanto con mariscos, pescados y quesos de oveja latxa Idiazabal como con miel, pan casero, chorizo y morcilla, todos artesanales y con denominación de origen de la tierra que les da el clima adecuado.

Según un anécdota etimológica de un viejo txakolinero, cuando al vinicultor le preguntaban “¿Cuánta cantidad de vino habéis hecho?”, solía ser costumbre responder: “Etxeko ain”, es decir lo justo para casa. De “etxeko ain” se pasó a “etxekolain” y acabó llamándose “txakolin”. (Se non è vero, è ben trovato)

 

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