— minimilme

Borrador automático

(La txapela, una prenda redonda)
Cuando los labradores del siglo XV decidieron emplear la gorra de lana de una sola pieza, sin visera pero redonda que les permitía cubrirse del sol echada hacia delante, o de costado o hacia atrás para la lluvia, poco se podían imaginar que estarían marcando tendencia hasta día de hoy, como unos de los componentes de la vestimenta tradicional vasca, tan distinta a la de los gondoleros venecianos y los marselleses o parisinos, y que causaría furor internacionalmente.

Para minimil es una prenda icónica de la marca que utiliza a lo largo de toda su trayectoria como elemento indispensable de su adn, el New Basque Style. La txapela ha sido reversionada por la marca no solo en todas sus colecciones sino también para ocasiones especiales como algunos desfiles en los que se le ha añadido tul. No es casualidad que la txapela, gráficamente simbolizada como una gran mota negra, la utilice minimil para muchos de sus diseños e ilustraciones.


Pocas veces una vestimenta tan sencilla ha marcado tanto la fisonomía de un pueblo y ha condicionado comportamientos sociales y mediáticos. Unamuno la definía como una prenda “niveladora” puesto que al ser más cómoda y barata que otros tocados llegó a provocar que los demás se relegaran al olvido

Antiguamente se hacían de lana, a mano y de una sola pieza como las medias, después se fabricaron con telares circulares para género de punto y más tarde mecánicamente, con telares rectilíneos pero en varias piezas que con máquinas especiales se cosen formando una única. La txapela siempre ha tenido en su centro un rabito o txertena y una de las mayores ofensas que podía hacerse a un vasco era cortarla de su boina y dejarla “capona”, llegó incluso a ser motivo de duelo a muerte.

En las últimas décadas se ha instituido como trofeo a los campeones (Txapeldunes) de cualquier competición del País Vasco. Es también un símbolo de bienvenida para los visitantes ilustres y asociaciones de amigos y peñas que las utilizan bordadas como elemento de identidad de grupo. Hubo pelotaris que jugaban con la txapela puesta como Mariano Juristi (Atano III) y hoy el frontón más conocido de San Sebastián lleva su nombre.

Toda moda precisa ciertas habilidades y según la maña del usuario se puede inclinar la txapela hacia atrás, hacia delante, izquierda, derecha o más calada. Dicen que los más resueltos se la colocan con una mano de un golpe. Esta temporada Minimil ha lanzado un modelo único y exclusivo que lleva su nombre, y con la particularidad de que es más pequeña y con el vuelo más corto. Se coloca más calada en la cabeza (no ladeada y sin vuelo).

Hoy, muchos fashionistas han recuperado la moda de la boina para conseguir un look afrancesado, elegante y chic. Por algo quedó asociada a lo largo del siglo xx a la bohemia artística parisina y más tarde a la estética existencialista. También fue protagonista en la iconografía del  Ché Guevara, como “icono de la postmodernidad”. Ha tenido relevancia en la literatura de la mano de poetas como Gabriel Celaya o escritores como Pío Baroja que son reconocidos en sus fotos por sus inseparables txapelas. Y también en uno de los grandes artistas vascos, Jorge Oteiza.

“Así la estampa del vasco, con la cabeza cubierta por una txapela, usándola desde la niñez hasta el ocaso, le escoltará sujeta respetuosamente entre los dedos de la mano, erigiéndose en fiel y exclusiva compañera, únicamente abandonada en la cabecera de la cama…” (*)

(*) La boina de los vascos: “Txapela buruan eta ibili munduan”, Historias de los vascos (blogs.deia.com)

 

 

Read More

Zeus llevó a su hijo mortal Hércules al lado de su esposa Hera mientras dormía pues quería que su hijo tuviera poderes divinos al beber leche de la diosa ya que el niño era de otra mujer. Hera al despertarse lanzó a Hércules lejos de ella. Su leche salió volando por el universo y creó la Vía Láctea, y unas cuantas gotas cayeron a la Tierra, haciendo brotar hermosas calas blancas. En la mitología romana, Venus, la diosa del amor y la lujuria, vio tanta belleza en estas flores que en un ataque de celos hizo crecer un pistilo grande en el centro.

El nacimiento de la Vía Láctea

Las calas datan de la época griega y romana, en las que se asociaban con las fiestas y el disfrute, por la semejanza de su forma con una copa para beber. Crecen en forma de tulipán acampanado, en su interior destaca una espiga de color amarillo y sus hojas de color verde intenso simulan el cuero. Estas flores son de origen muy humilde y antiguamente se consideraban como maleza pero poco a poco, su elegancia y porte majestuoso las llevaron a ser protagonistas de grandes escenarios como los famosos murales del pintor mexicano Diego Rivera.

El lirio de agua es la única flor que florece y fructifica al mismo tiempo. En las culturas orientales, esta característica única simboliza la universalidad. Esta elegante planta en forma de embudo presenta flores masculinas y femeninas dispuestas a lo largo de sus cuerpos, facilitando la fecundación a través del viento, que en el País Vasco sopla en abundancia. Asimismo las calas prefieren la sombra o la semisombra de terrenos húmedos y fértiles como los que rodean los caseríos vascos.

Llamadas también lirios de agua y flor de pato son también símbolo de nobleza y finura (En inglés reciben el nombre de trumpet lily por su forma similar a una trompeta). A pesar de su origen sudafricano se han extendido por todos los continentes y vegetan a expensas de su tallo subterráneo que rebrota cada año.  Su aspecto es delicado pero son fuertes. Las calas son unas de las flores favoritas de minimil, y pueden verse habitualmente en sus tiendas.

Lo que hace que su flor sean tan especial es un pétalo que emerge serenamente desde el tallo y que envuelve el órgano de la flor en forma de espiral. Aunque las que más nos gustan son las blancas, existen muchas más variedades en colores como el rojo, amarillo, rosa, morado, naranja, verde, negro o incluso bicolor.
Para gustos, las flores.

 

Read More

El verde es el manto de Euskadi.
El verde son los frontones, la pelota vasca.
El verde son las lechugas, los puerros, #piparrak.
El verde es el Ezkurra y el Urumea que riegan la tierra.
El verde es ideología, pensamiento y acción sostenible.
El verde es la justicia natural.
El verde es el pacto entre un azul que huye de la muerte,
y un amarillo que se envenena, una pizca lo cambia todo.
El verde es la vida, el cambio.
El verde es la sidra y el txacolí.
El verde son las pashminas, los jerseys de punto, los cuerpos de seda.
El verde es el insecto camuflado.
El verde es la esperanza paciente que persiste.
El verde es natural, su opuesto es artificial.
El verde combinado con marrón es amargo, con amarillo es agrio y con azul fresco.
El verde es dinero y también papel mojado.
El verde son 100 verdes distintos.
El verde es el paisaje, el hogar, el caserío vasco.
El verde es también minimil.

 

 

 

 

Read More

“Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia,
como si ésta fuera ya ceniza en la memoria. ”
Jorge Luis Borges. 

En nariz intensos aromas a cítricos, hierbas y flores; en boca fresco, ligeramente ácido y fácil de beber. Tiene que servirse fresco… Sí, txacoli.

Proviene de los caseríos vascos del siglo XVI. Brillante y cristalino suele sorprender con tonos que van del amarillo pálido al amarillo pajizo, y a veces con interesantes tonalidades verdosas. Antes se escanciaba como la sidra porque no se filtraba pero ha pasado de ser un vino básico a ser muy refinado. El joven txacoli marida a la perfección tanto con mariscos, pescados y quesos de oveja latxa Idiazabal como con miel, pan casero, chorizo y morcilla, todos artesanales y con denominación de origen de la tierra que les da el clima adecuado.

Según un anécdota etimológica de un viejo txakolinero, cuando al vinicultor le preguntaban “¿Cuánta cantidad de vino habéis hecho?”, solía ser costumbre responder: “Etxeko ain”, es decir lo justo para casa. De “etxeko ain” se pasó a “etxekolain” y acabó llamándose “txakolin”. (Se non è vero, è ben trovato)

 

Read More

¿Por qué sucumbir a la tiranía del bolso? A menudo dejamos de lado el resto del look y otorgamos toda la importancia a un bolso de marca. Y no es que tener un bolso bueno no esté bien: piel noble, buen diseño, confortable…. Pero no todo es el bolso, al menos no lo suficiente. Incluso desprendernos puede sumar personalidad al conjunto y no restar, al contrario de lo que opinan muchas mujeres.


Un buen número de marcas, entre ellas minimil, apuestan por incorporar y darle su categoría a la bolsa básica. Los tejidos van desde el algodón, lino, seda, piel e impermeable.
En los años 70 y 80 las bolsas de tela estaban de moda y hoy continúan porque es una prolongación de una forma de vestir natural y liviana, ausente de estereotipos femeninos marcados por la tiranía de la moda en la mujer.

minimil escoge los tonos terrosos, el azul marino y también el negro fieles a su marca, con tejidos básicos utilizados en sus colecciones, y con un diseño minimalista muy acorde con su personalidad: puntos, líneas y formas gráficas que sugieren sin marcar con rotundidad, pues se trata de un accesorio que debe acompañar y poner en valor una estética femenina libre.


Bolsas que no pesen, que fluyan y que dibujen siluetas allá donde vayan. Se trata de la proporción, la forma, la línea, el material, el equilibrio, todo ello las hace agradables y a nosotras nos hacen sentir bien.

Read More

En las fiestas vascas de hace cien años, la vestimenta, al igual que otras manifestaciones culturales, ocupaba un lugar destacado. La indumentaria campesina de baserritarra (las distintas caseras vascas: artzai andre, amona o neska) se convirtió en modelo de vestuario tradicional, simbolizando otros muchos valores que estaban a punto de perderse. Entre las características generales de este traje están las enaguas y falda roja por debajo y una falda de tela encima negra o azul marina de algodón de topos blancos.

Estas motas tan emblemáticos son una constante inspiración en minimil para reversionar cada temporada alguna prenda de la colección con la nostalgia histórica y la elegante feminidad que este patrón confiere.


Las motas o topos (Polka dot en inglés) son círculos repetidos de tamaños y colores distintos, pintados, tejidos o bordados sobre una tela que forman un patrón. Motas grandes o pequeñas, blancas sobre negro o azul marinas sobre blanco. Las posibilidades son infinitas y el resultado es un must de la marca, como las rayas o el color negro.

Basándose en este motivo y confiriéndole el valor simbólico de la cultura vasca, minimil también ha diseñado una serie de productos para el Guggenheim de Bilbao.

Los topos no son propiedad única del País Vasco pues el mundo entero se enamoró de ellos cuando Miss América apareció fotografiada en 1926 con un bikini lleno de motas y un año antes, Disney presentó a la célebre Minnie Mouse vistiendo un traje de topos rojo y blanco con un lazo a juego. Durante los años 30 los tejidos a topos se fabricaron para todos sus usos y en 1940 Frank Sinatra introdujo la “polka dot manía” cantando su balada: “Polka Dots and Moonbeams”.

A finales de esa década, Christian Dior lanzaba su colección “New Look” con vestidos de motas y el famoso modisto comentó a Vogue que su colección “pretendía hacer a las mujeres parpadear extravagantes y románticas con ellos”. Recientemente los topos se han vuelto tendencia también para el género masculino y celebridades como Joseph Gordon-Levitt y Mickey Avalon son asiduos. Rei Kawakuo también utiliza los topos para su colección de Comme des Garçons en todas sus prendas y complementos; Marc Jacobs tiene incluso una colección “Dotty” y un Dot perfume.
La artista Yayoi Kusama los llevó a sus obras de arte y Damien Hirst es famoso por sus pinturas de topos vertiginosos, aunque los puntillistas como Seurat y Signac fueron pioneros de los puntos en las pinturas.En 1962 Marvel Comics incluso creó a su héroe Polka-Dot Man que combatía a los villanos con topos y Bob Dylan apareció un año más tarde en la portada de su disco vistiendo una camisa de topos.

Actrices como Elizabeth Taylor, Lucille Ball y Marilyn Monroe los vistieron con todo el glamour. Meg Ryan vestía de topos en la película “Cuando Harry encontró a Sally” y las cantantes Amy Winheouse y Gwen Stefanie cantaban enfundadas de topos.

Hay una corte de “polka dot lovers “en todo el mundo, orgullosos de ello y en el caso de minimil el orgullo es doble pues forma parte de la tradición histórica del vestuario típico vasco.

¿Quién no tiene en su armario algo con motas?”

 

 

Read More

El mes de julio (y agosto para los que se atreven con la ruleta rusa) tiene sabor a guindilla vasca o piparra. Es un sabor genuino, muy del norte, parecido al pimiento verde o pimientos del padrón con un suave toque picante de huerta.

Se recolecta durante los meses de julio a octubre en el País Vasco, por la calidad de su tierra fértil unida a un microclima lluvioso de la zona, que la hace tan tierna y suavemente picante. Tienen gran fama las de Ibarra, también conocidas popularmente como “langostinos de Ibarra”.

¿Quién no las conoce en su versión “gilda”, nacida en el bar Casa Vallés de San Sebastián en honor al personaje de ‘Gilda’ interpretado por Rita Hayworth en la película de 1946? Es la tapa por excelencia, las piparras encurtidas en vinagre ensartadas en banderillas o pintxos y acompañadas tan ricamente por trocitos de anchoas y una aceituna como punto final.
Aunque las encurtidas son fantásticas, las frescas, que se toman simplemente fritas y salpicadas de sal, son un delicado manjar para tomar solas, a modo de aperitivo o acompañando mmmm… una ventresca de bonito a la plancha o unos buenos huevos fritos.

Son elegantemente alargadas y su color verde amarillento es inconfundible. Las mejores guindillas miden 8 centímetros, ni muy largas ni muy cortas, para que no piquen. Además, ayudan a combatir el colesterol, la acidez y a abrir el apetito. Este artículo es precisamente para esto, para ir haciendo boca… porque el verano se acerca.

Design GIF - Find & Share on GIPHY

 

 

 

Read More

El negro es la ausencia de todos los colores, la máxima oscuridad.
El negro es fuerte, es el misterio, la elegancia y, hasta cierto punto, la sensualidad.
El  negro es el silencio, el invierno, la profundidad, la negación, el infinito.
El negro es consistente, rotundo.
El negro es alegría y dolor.
El negro es mando, el resto es obediencia.
El negro es pasado, presente y futuro. Es atemporal. Es real.
El negro es Thomas Bernhard, Malévich, Kurosawa, Chopin, Yohi Yamamoto.
El negro es el norte, menos luz.
El negro es clásico, moderno y rebelde.
El negro es intelectual, humilde.
El negro es una declaración de principios, no es ambiguo.
El negro es un abrigo, unos guantes, una txapela, unas alpargatas.
El negro es valiente, no juega: resiste.
El negro es belleza para el que conoce lo que el negro significa.
El negro también es minimil.

 

 

 

 

 

 

 

Read More

El cielo vasco está lleno de hodeiak (nubes) que dibujan sombras en los pastos verdes, se funden en el mar encabritado y visitan las ciudades. Tanto si se abren y dejan paso al sol como si descargan su xirimiri, las hodeiak son parte importante del paisaje diario.

Hodei también es el nombre del Dios de las tormentas, creador de relámpagos y truenos que antiguamente echaba a perder las cosechas y atemorizaba a los paisanos.

 Donostia es uno de los mejores escenarios para poder contemplar todo tipo de nubes altas, medias, estratos y cumulonimbos. La insistente presencia de todas ellas, su variedad y la belleza del paisaje con el que se fusionan, lo hace posible.

Muy malvado no será el Dios Hodei si nos regala imágenes como la hodei gorri (nube roja) iluminada por el sol, que tenemos hoy sobre nuestras cabezas.

Read More

Así como un libro se juzga por la portada, nuestros escaparates atrapan por su puesta en escena, sus figuras, sus colores y sus pistas. Los maniquíes se van humanizando poco a poco para dotarlos de más movimiento, expresión y libertad. ¡Que se muevan, se sienten y nos sirvan de espejo!

El arte, el juego, la sorpresa y los animales… nunca sabes. Cada temporada mudan los escaparates como las estaciones para sorprender al transeúnte que tiene 3 segundos y un 90% de posibilidades de pararse a contemplarlos. Está comprobado que muchos paran, otros cuantos miran y solo algunos fabulan buscando mundos de conexión paralelos. Si ves nubes de alambre en forma de tocado sobre las cabezas de las maniquíes, elefantes indios de cartón con sus plumas y joyas, pingüinos entre cajas y confeti, sapos y princesas, caseras vascas, una corte de minifieras doradas que juegan con las letras de madera minimil o tres figuras de negro que ocultan con el velo unas orejas redondeadas que evocan al Mickey Mouse, probablemente estés delante de un escaparate minimil que te está contando una historia.

Un error sería trasladar la colección tal cual, sin regalar un mínimo espacio para la imaginación. Porque la moda empieza en el pensamiento. Otra cosa es que tengamos todos la puertas abiertas para ello.

 

Read More