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Euskadi

La auténtica receta tiene su origen en la región vascofrancesa de Lapurdi en el siglo XVII. Aquellos que pasaban por el lugar y lo probaban lo empezaron a llamar así: “Pastel vasco”.

Se elaboraba en los caseríos de esta región los días de fiesta, era “el pan de los domingos”. No fue hasta un siglo después cuando se le empezó a incorporar la crema pastelera. Desde Biarritz se fue extendiendo al resto de Europa. Se elabora con pasta quebrada rellena de fina crema pastelera.
Lo más importante para que salga sabroso es conseguir una buena masa crujiente, complicada de manejar porque la almendra en los ingredientes, junto con la mantequilla, hacen de ella una masa quebradiza, por eso es tan importante mantenerla lo más fría posible hasta el momento de utilizarla.
Incorpora los frutos que se daban alrededor del caserío o “baserri” (casa típica rural) como moras, cerezas, arándanos…
El toque especial que le da personalidad es dibujar un lauburu con un trozo de pasta quebrada reservada y colocarlo encima del pastel. El lauburu (en castellano cuatro cabezas) es la cruz de brazos curvilíneos, uno de los símbolos más representativos de la cultura vasca. Representa el sol, la vida, el movimiento y la muerte. Una vez dibujado, se pinta con huevo batido y se hornea el pastel a 200ºC durante 25 minutos.

ON EGIN!

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Un día de diciembre de 2017, amanece en San Sebastián a las 8:32 h y se pone el sol a las 17:33 h. La primera pleamar es a las 0:56 h y la siguiente pleamar a las 13:18 h. La primera bajamar es a las 6:51 h y la siguiente bajamar a las 19:24 h.

Son cuatro las mareas que se dan a diario en la costa vasca siendo más altas o más bajas en función de las fases lunares.

Los Donostiarras en particular, ven como cada día, su paisaje, la Bahía de la Concha cambia 4 veces. La isla de Santa Clara se aleja y se acerca.

Las mareas en realidad son oscilaciones del nivel del mar provocadas por la atracción del Sol y de la Luna sobre los océanos. Los efectos de los dos astros se superponen y su fuerza genera las mareas, sobre todo la acción de la luna y su relación con las fases lunares. Otros fenómenos atmosféricos como la presión atmosférica, el viento y la lluvia también contribuyen en menor medida.

Dependiendo de la altura, la marea puede ser alta o pleamar: cuando el agua del mar alcanza su altura más alta dentro del ciclo de las mareas; y la marea baja o bajamar: cuando el agua del mar alcanza su altura más baja dentro del ciclo de las mareas. Normalmente se producen dos pleamares y dos bajamares por día lunar.

Según la fase de la luna existen dos tipos de marea: las mareas vivas y las mareas muertas. Las primeras se dan durante las fases de luna llena y luna nueva, con un comprobado aumento en la actividad de los peces, son días más propicios para la pesca. Las mareas muertas aparecen durante las fases de cuarto creciente y cuarto menguante, donde los efectos se restan y el movimiento en los fondos marinos suele ser menor, con lo que los pescadores ya saben que no volverán a casa con un gran botín.

En San Sebastián, el fenómeno de las mareas afecta directamente en la práctica del surf, determinando el mejor momento para la práctica de este deporte, cada vez más extendido en Euskadi.

Itsasgora

Marea Alta. Santa Clara, #Donostia.#Itsasgora

Publié par Minimil sur lundi 23 octobre 2017

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” La Alubia de Tolosa tiene dos inmensas virtudes: ser la que mejor caldo hace de cuantas se producen en España y distinguirse por su singularidad y sabrosura “

Es uno de los alimentos más antiguos conocido del hombre y ha formado parte importante de la dieta humana desde tiempos remotos. Desde luego los vascos comen alubias desde hace montones de años. ¿Cómo sino serían capaces de levantar piedras? En ellas está La Fuerza que ayuda a sobrevivir al invierno.

La gran tradición del cultivo y la elaboración de las alubias en el País Vasco, hace que puedas encontrar una gran lista de recetas tradicionales para elaborarlas. Las alubias negras se caracterizan por contar con una apariencia ovalada y un característico color negro brillante. Estas legumbres aportan importantes beneficios y propiedades nutricionales: son especialmente ricas en fibra, ideales para prevenir el estreñimiento y ayudar a rebajar los niveles de colesterol alto y son ricas también en unos compuestos antioxidantes capaces de prevenir coágulos y el cáncer.

Digamos que con ½ Kg de alubias (babarrunak), 1 diente de ajo, aceite de oliva y 1 pimiento choricero tenemos un plato exquisito para combatir las bajas temperaturas. No olvidar lavarlas en agua fría y dejarlas en remojo el día antes.

Este plato se suele acompañar de “los sacramentos” que consiste en algún embutido cocinado; morcilla de cebolla y chorizo cocido. También suelen acompañar unas guindillas vascas (guindillas de Ibarra) y alguna verdura como berza cocida.

La alubia de Tolosa o Tolosako Babarruna es sin duda un manjar incomparable.

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Zeus llevó a su hijo mortal Hércules al lado de su esposa Hera mientras dormía pues quería que su hijo tuviera poderes divinos al beber leche de la diosa ya que el niño era de otra mujer. Hera al despertarse lanzó a Hércules lejos de ella. Su leche salió volando por el universo y creó la Vía Láctea, y unas cuantas gotas cayeron a la Tierra, haciendo brotar hermosas calas blancas. En la mitología romana, Venus, la diosa del amor y la lujuria, vio tanta belleza en estas flores que en un ataque de celos hizo crecer un pistilo grande en el centro.

El nacimiento de la Vía Láctea

Las calas datan de la época griega y romana, en las que se asociaban con las fiestas y el disfrute, por la semejanza de su forma con una copa para beber. Crecen en forma de tulipán acampanado, en su interior destaca una espiga de color amarillo y sus hojas de color verde intenso simulan el cuero. Estas flores son de origen muy humilde y antiguamente se consideraban como maleza pero poco a poco, su elegancia y porte majestuoso las llevaron a ser protagonistas de grandes escenarios como los famosos murales del pintor mexicano Diego Rivera.

El lirio de agua es la única flor que florece y fructifica al mismo tiempo. En las culturas orientales, esta característica única simboliza la universalidad. Esta elegante planta en forma de embudo presenta flores masculinas y femeninas dispuestas a lo largo de sus cuerpos, facilitando la fecundación a través del viento, que en el País Vasco sopla en abundancia. Asimismo las calas prefieren la sombra o la semisombra de terrenos húmedos y fértiles como los que rodean los caseríos vascos.

Llamadas también lirios de agua y flor de pato son también símbolo de nobleza y finura (En inglés reciben el nombre de trumpet lily por su forma similar a una trompeta). A pesar de su origen sudafricano se han extendido por todos los continentes y vegetan a expensas de su tallo subterráneo que rebrota cada año.  Su aspecto es delicado pero son fuertes. Las calas son unas de las flores favoritas de minimil, y pueden verse habitualmente en sus tiendas.

Lo que hace que su flor sean tan especial es un pétalo que emerge serenamente desde el tallo y que envuelve el órgano de la flor en forma de espiral. Aunque las que más nos gustan son las blancas, existen muchas más variedades en colores como el rojo, amarillo, rosa, morado, naranja, verde, negro o incluso bicolor.
Para gustos, las flores.

 

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“Vino, enséñame el arte de ver mi propia historia,
como si ésta fuera ya ceniza en la memoria. ”
Jorge Luis Borges. 

En nariz intensos aromas a cítricos, hierbas y flores; en boca fresco, ligeramente ácido y fácil de beber. Tiene que servirse fresco… Sí, txacoli.

Proviene de los caseríos vascos del siglo XVI. Brillante y cristalino suele sorprender con tonos que van del amarillo pálido al amarillo pajizo, y a veces con interesantes tonalidades verdosas. Antes se escanciaba como la sidra porque no se filtraba pero ha pasado de ser un vino básico a ser muy refinado. El joven txacoli marida a la perfección tanto con mariscos, pescados y quesos de oveja latxa Idiazabal como con miel, pan casero, chorizo y morcilla, todos artesanales y con denominación de origen de la tierra que les da el clima adecuado.

Según un anécdota etimológica de un viejo txakolinero, cuando al vinicultor le preguntaban “¿Cuánta cantidad de vino habéis hecho?”, solía ser costumbre responder: “Etxeko ain”, es decir lo justo para casa. De “etxeko ain” se pasó a “etxekolain” y acabó llamándose “txakolin”. (Se non è vero, è ben trovato)

 

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El mes de julio (y agosto para los que se atreven con la ruleta rusa) tiene sabor a guindilla vasca o piparra. Es un sabor genuino, muy del norte, parecido al pimiento verde o pimientos del padrón con un suave toque picante de huerta.

Se recolecta durante los meses de julio a octubre en el País Vasco, por la calidad de su tierra fértil unida a un microclima lluvioso de la zona, que la hace tan tierna y suavemente picante. Tienen gran fama las de Ibarra, también conocidas popularmente como “langostinos de Ibarra”.

¿Quién no las conoce en su versión “gilda”, nacida en el bar Casa Vallés de San Sebastián en honor al personaje de ‘Gilda’ interpretado por Rita Hayworth en la película de 1946? Es la tapa por excelencia, las piparras encurtidas en vinagre ensartadas en banderillas o pintxos y acompañadas tan ricamente por trocitos de anchoas y una aceituna como punto final.
Aunque las encurtidas son fantásticas, las frescas, que se toman simplemente fritas y salpicadas de sal, son un delicado manjar para tomar solas, a modo de aperitivo o acompañando mmmm… una ventresca de bonito a la plancha o unos buenos huevos fritos.

Son elegantemente alargadas y su color verde amarillento es inconfundible. Las mejores guindillas miden 8 centímetros, ni muy largas ni muy cortas, para que no piquen. Además, ayudan a combatir el colesterol, la acidez y a abrir el apetito. Este artículo es precisamente para esto, para ir haciendo boca… porque el verano se acerca.

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El cielo vasco está lleno de hodeiak (nubes) que dibujan sombras en los pastos verdes, se funden en el mar encabritado y visitan las ciudades. Tanto si se abren y dejan paso al sol como si descargan su xirimiri, las hodeiak son parte importante del paisaje diario.

Hodei también es el nombre del Dios de las tormentas, creador de relámpagos y truenos que antiguamente echaba a perder las cosechas y atemorizaba a los paisanos.

 Donostia es uno de los mejores escenarios para poder contemplar todo tipo de nubes altas, medias, estratos y cumulonimbos. La insistente presencia de todas ellas, su variedad y la belleza del paisaje con el que se fusionan, lo hace posible.

Muy malvado no será el Dios Hodei si nos regala imágenes como la hodei gorri (nube roja) iluminada por el sol, que tenemos hoy sobre nuestras cabezas.

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Sabes que acabas de entrar en el País Vasco porque el paisaje de repente se transforma. Una manta frondosa y verde lo cubre todo excepto las siluetas de sus genuinos animales. 


Con un vellón de pelo largo que casi le toca el suelo, la oveja latxa (que significa “áspero” en euskera) exhibe su áspera lana. Se ha adaptado perfectamente al clima y pace tranquila moteando el paisaje. Sabrás si es macho porque tiene unos cuernos retorcidos alrededor de las orejas.


A lo lejos un pottoka (pequeño caballo o poni) recorre los territorios montañosos resistente, rápido, fuerte y dócil.  Con razón esta raza ha habitado casi sin cambios desde el Paleolítico aunque hoy no hay muchos.


Como tampoco hay muchas betizu (vaca arisca), las últimas vacas salvajes de Europa, el animal mítico de los vascos convertido en zezen gorri y behi gorri como guardián de los tesoros de las grutas donde vive la diosa Mari.


Todos ellos pastan tranquilamente sin importarles las lluvias ni los terrenos escarpados, enamorados de la tierra fértil. Nacer, resistir, evolucionar y saborear cada bocado de la naturaleza es la esencia de la vida.

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Hoy presentamos esta historia gráfica de uno de nuestros elementos emblemáticos de minimil: laTxapela (boina).
La txapela simboliza nuestra manera de entender la moda, aportando un grado de identidad que sentimos y transmitimos. Su representación gráfica es una mota negra que ya habéis podido ver en versión pegatina de bolsa, en la web, en fotografías, etc.
En esta pequeña historia, nuestro “beret” juega con otros ”personajes” de nuestro particular paisaje. Esperamos que os divierta,

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