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La «piparra» anuncia el verano

El mes de julio (y agosto para los que se atreven con la ruleta rusa) tiene sabor a guindilla vasca o piparra. Es un sabor genuino, muy del norte, parecido al pimiento verde o pimientos del padrón con un suave toque picante de huerta.

Se recolecta durante los meses de julio a octubre en el País Vasco, por la calidad de su tierra fértil unida a un microclima lluvioso de la zona, que la hace tan tierna y suavemente picante. Tienen gran fama las de Ibarra, también conocidas popularmente como «langostinos de Ibarra».

¿Quién no las conoce en su versión “gilda”, nacida en el bar Casa Vallés de San Sebastián en honor al personaje de ‘Gilda’ interpretado por Rita Hayworth en la película de 1946? Es la tapa por excelencia, las piparras encurtidas en vinagre ensartadas en banderillas o pintxos y acompañadas tan ricamente por trocitos de anchoas y una aceituna como punto final.
Aunque las encurtidas son fantásticas, las frescas, que se toman simplemente fritas y salpicadas de sal, son un delicado manjar para tomar solas, a modo de aperitivo o acompañando mmmm… una ventresca de bonito a la plancha o unos buenos huevos fritos.

Son elegantemente alargadas y su color verde amarillento es inconfundible. Las mejores guindillas miden 8 centímetros, ni muy largas ni muy cortas, para que no piquen. Además, ayudan a combatir el colesterol, la acidez y a abrir el apetito. Este artículo es precisamente para esto, para ir haciendo boca… porque el verano se acerca.

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