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Los guardianes del valle

Sabes que acabas de entrar en el País Vasco porque el paisaje de repente se transforma. Una manta frondosa y verde lo cubre todo excepto las siluetas de sus genuinos animales. 


Con un vellón de pelo largo que casi le toca el suelo, la oveja latxa (que significa “áspero” en euskera) exhibe su áspera lana. Se ha adaptado perfectamente al clima y pace tranquila moteando el paisaje. Sabrás si es macho porque tiene unos cuernos retorcidos alrededor de las orejas.


A lo lejos un pottoka (pequeño caballo o poni) recorre los territorios montañosos resistente, rápido, fuerte y dócil.  Con razón esta raza ha habitado casi sin cambios desde el Paleolítico aunque hoy no hay muchos.


Como tampoco hay muchas betizu (vaca arisca), las últimas vacas salvajes de Europa, el animal mítico de los vascos convertido en zezen gorri y behi gorri como guardián de los tesoros de las grutas donde vive la diosa Mari.


Todos ellos pastan tranquilamente sin importarles las lluvias ni los terrenos escarpados, enamorados de la tierra fértil. Nacer, resistir, evolucionar y saborear cada bocado de la naturaleza es la esencia de la vida.

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