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Tag "Euskadi"

La auténtica receta tiene su origen en la región vascofrancesa de Lapurdi en el siglo XVII. Aquellos que pasaban por el lugar y lo probaban lo empezaron a llamar así: “Pastel vasco”.

Se elaboraba en los caseríos de esta región los días de fiesta, era “el pan de los domingos”. No fue hasta un siglo después cuando se le empezó a incorporar la crema pastelera. Desde Biarritz se fue extendiendo al resto de Europa. Se elabora con pasta quebrada rellena de fina crema pastelera.
Lo más importante para que salga sabroso es conseguir una buena masa crujiente, complicada de manejar porque la almendra en los ingredientes, junto con la mantequilla, hacen de ella una masa quebradiza, por eso es tan importante mantenerla lo más fría posible hasta el momento de utilizarla.
Incorpora los frutos que se daban alrededor del caserío o “baserri” (casa típica rural) como moras, cerezas, arándanos…
El toque especial que le da personalidad es dibujar un lauburu con un trozo de pasta quebrada reservada y colocarlo encima del pastel. El lauburu (en castellano cuatro cabezas) es la cruz de brazos curvilíneos, uno de los símbolos más representativos de la cultura vasca. Representa el sol, la vida, el movimiento y la muerte. Una vez dibujado, se pinta con huevo batido y se hornea el pastel a 200ºC durante 25 minutos.

ON EGIN!

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Zeus llevó a su hijo mortal Hércules al lado de su esposa Hera mientras dormía pues quería que su hijo tuviera poderes divinos al beber leche de la diosa ya que el niño era de otra mujer. Hera al despertarse lanzó a Hércules lejos de ella. Su leche salió volando por el universo y creó la Vía Láctea, y unas cuantas gotas cayeron a la Tierra, haciendo brotar hermosas calas blancas. En la mitología romana, Venus, la diosa del amor y la lujuria, vio tanta belleza en estas flores que en un ataque de celos hizo crecer un pistilo grande en el centro.

El nacimiento de la Vía Láctea

Las calas datan de la época griega y romana, en las que se asociaban con las fiestas y el disfrute, por la semejanza de su forma con una copa para beber. Crecen en forma de tulipán acampanado, en su interior destaca una espiga de color amarillo y sus hojas de color verde intenso simulan el cuero. Estas flores son de origen muy humilde y antiguamente se consideraban como maleza pero poco a poco, su elegancia y porte majestuoso las llevaron a ser protagonistas de grandes escenarios como los famosos murales del pintor mexicano Diego Rivera.

El lirio de agua es la única flor que florece y fructifica al mismo tiempo. En las culturas orientales, esta característica única simboliza la universalidad. Esta elegante planta en forma de embudo presenta flores masculinas y femeninas dispuestas a lo largo de sus cuerpos, facilitando la fecundación a través del viento, que en el País Vasco sopla en abundancia. Asimismo las calas prefieren la sombra o la semisombra de terrenos húmedos y fértiles como los que rodean los caseríos vascos.

Llamadas también lirios de agua y flor de pato son también símbolo de nobleza y finura (En inglés reciben el nombre de trumpet lily por su forma similar a una trompeta). A pesar de su origen sudafricano se han extendido por todos los continentes y vegetan a expensas de su tallo subterráneo que rebrota cada año.  Su aspecto es delicado pero son fuertes. Las calas son unas de las flores favoritas de minimil, y pueden verse habitualmente en sus tiendas.

Lo que hace que su flor sean tan especial es un pétalo que emerge serenamente desde el tallo y que envuelve el órgano de la flor en forma de espiral. Aunque las que más nos gustan son las blancas, existen muchas más variedades en colores como el rojo, amarillo, rosa, morado, naranja, verde, negro o incluso bicolor.
Para gustos, las flores.

 

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Sabes que acabas de entrar en el País Vasco porque el paisaje de repente se transforma. Una manta frondosa y verde lo cubre todo excepto las siluetas de sus genuinos animales. 


Con un vellón de pelo largo que casi le toca el suelo, la oveja latxa (que significa “áspero” en euskera) exhibe su áspera lana. Se ha adaptado perfectamente al clima y pace tranquila moteando el paisaje. Sabrás si es macho porque tiene unos cuernos retorcidos alrededor de las orejas.


A lo lejos un pottoka (pequeño caballo o poni) recorre los territorios montañosos resistente, rápido, fuerte y dócil.  Con razón esta raza ha habitado casi sin cambios desde el Paleolítico aunque hoy no hay muchos.


Como tampoco hay muchas betizu (vaca arisca), las últimas vacas salvajes de Europa, el animal mítico de los vascos convertido en zezen gorri y behi gorri como guardián de los tesoros de las grutas donde vive la diosa Mari.


Todos ellos pastan tranquilamente sin importarles las lluvias ni los terrenos escarpados, enamorados de la tierra fértil. Nacer, resistir, evolucionar y saborear cada bocado de la naturaleza es la esencia de la vida.

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Qué vitales están las aguadoras que desfilan con sus trajes de caserío, con sus abarcas, sus enaguas y algunas con sus faldas rojas por debajo. Por encima, generalmente, faldas de tela negra o azul marino, de algodón, de motas blancas. Depende. Antes se llevaba a la espalda un elegante mantón, que ha ido sustituyéndose por un paño en blanco y negro, parecido al que se lleva en la cabeza. Además, un manto o «toquilla» de lana, y un delantal que ha ido reduciendo su tamaño.

A su lado, ellos desfilan vestidos de cocineros y por supuesto muchos visten de soldados con uniformes de la época de Napoleón tocando sin parar los tambores.

Es 20 de enero y minimil está de celebración porque es el día de San Sebastián, ciudad sede de la marca. La fiesta comienza en la Plaza de la Constitución de Donostia, con la izada de la bandera. Justo cuando dan las doce de la noche, los componentes de la tamborrada de Gaztelubide comienzan a tocar la «Marcha de San Sebastián» de Raimundo Sarriegi (con letra de Serafín Baroja, padre del escritor Pío Baroja), y el alcalde alza la bandera de la ciudad.
Durante estas 24 horas de festividad se entregan los premios más importantes concedidos por la ciudad, que son el Tambor de Oro y las Medallas al Mérito Ciudadano de San Sebastián. Sus inicios se remontan a 1836, año en el que la tamborrada salió como parte de las comparsas de carnaval. A partir de ahí, se convirtió en una tradición festejar al patrón de la ciudad por las calles de San Sebastián.


Olores, colores, música y sentimiento donostiarra que nutren e inspiran nuestras raíces creativas y nos invitan a seguir construyendo día a día el estilo de la marca: el New Basque Style.

 

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Hace aproximadamente un mes que Contxu Uzkudun nos recomendó una excursión y le hicimos caso. Visitamos la ermita de Santa María (La Antigua),  en Zumárraga. 
A esta iglesia se la considera la ermita de las catedrales vascas y es un ejemplar muy valioso de arquitectura popular, por lo que la visita era obligada y deseada. Y además, está en un enclave fabuloso y atractivo; el interior de Euskadi, al lado del monte Beloki, rodeada por un bosque de olmos, etc.

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Para describir en pocas palabras la ermita, diríamos que, tiene un exterior austero, de estilo románico en transición al gótico y  un interior con un aspecto más de arquitectura rural  que gótico religioso. Asombra la extraordinaria cubierta en artesonado de madera de roble, con un complejo entramado de vigas, tirantes, antepechos y tornapuntas.

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La intención de esta publicación es destacar el asombro que nos causó la ermita y relatar fotográficamente uno de los Tres Templos de Tierra Ignaciana.
Lo dicho, una visita muy recomendable y que seguro repetiremos.

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minimil agosto 2013

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